Eduardo Robinson - Economista de la Fundación del Tucumán

Los mecanismos de financiamiento al consumo ya no son generosos. Lejos quedaron los planes de financiación a 60 meses y promociones similares que incentivaron el consumo, por ejemplo, de electrodomésticos. Sucede que el costo del crédito tiende a encarecerse. ¿Cuál es el problema de fondo? La inflación y las restricciones a la compra de divisas. Quien decide ahorrar, procura cubrirse del deterioro monetario que implica la inflación. Como opción de colocación de fondos, el pequeño y mediano ahorrista compraba divisas o efectuaba colocaciones a plazo fijo, como refugio inflacionario. Si bien el rendimiento en divisas no compensaba la pérdida de poder adquisitivo, sentía cierta tranquilidad, ante las expectativas de devaluación del peso con respecto al dólar. Pero, dada la imposibilidad de comprar dólares u otras monedas, no sólo se redujeron las opciones de colocación de fondos, sino que también demanda mayores niveles de tasas para mantener sus colocaciones en pesos. Por lo tanto, los bancos, para no perder depósitos, ofrecen tasas de interés más altas. Esto a su vez se traduce en incrementos en las tasas que cobran por las operaciones de financiamiento, ya sea en el segmento de tarjetas o de créditos personales. Este será el proceso que se dará, en la medida de que el Gobierno no oriente sus esfuerzos en reducir la inflación. Será cada vez más difícil mantener estables las tasas de interés y los niveles de morosidad se irán incrementando.